sábado, 25 de mayo de 2013

Reflexión Bloque 2


BLOQUE: 2 “TEXTOS FOLCLÓRICOS. SELECCIÓN Y ADAPTACIÓN”

Al principio del bloque quedó claro que la palabra folclore se refiere a lo popular, entendido como algo del pueblo y no como algo conocido, y a lo tradicional, es decir, lo que viene de lejos, de toda la vida.  Al ser “popular” un término ambiguo, nos referiremos al folclore como “tradicional” o “de tradición cultural”.

Estas son las principales características de los textos folclóricos:

-         *  No tienen autor; son historias contadas de boca en boca, a la cual cada uno añade o quita algo, de manera que la historia original no existe y lo que nos llega es algo completamente distinto. Es imposible rastrear el origen.
-         * Hay múltiples versiones; ya que quien lo cuenta lo adapta a su realidad.
-         * Su origen es desconocido y no hay versiones originales.
-         *  Es literatura popular, entendida como “del pueblo”.
-      * Se transmiten horizontalmente: en un mismo momento histórico (cuando se acogía a alguien en casa, éste pagaba contando una historia; el cuento era su moneda de cambio). También se transmitían verticalmente: de generación en generación.
-        *  No son infantiles, sino familiares: las historias se contaban alrededor del hogar, no había tabiques y los niños escuchaban todo, estaban acostumbrados a todos los temas, incluso los más desagradables.  
-         * Reflejan la época  y la sociedad por las que pasaron.
-         * Reflejan los sueños y los deseos del pueblo.
-          * Son un reflejo de la sabiduría popular.
-    * No tienen, exceptuando las fábulas, moraleja explícita. Pero, a lo largo de la historia, hay multitud de enseñanzas, extraídas de la psicología popular, que sirven para los distintos miembros de la familia.

Lo que me parece más relevante y llamativo de estas características es saber que los textos folclóricos no son infantiles, no fueron creados para los niños,  sino que son historias que se han ido edulcorando hasta hacerlas aptas para ellos. Un ejemplo de esto son los largometrajes de Disney, el primero de ellos fue el de “Blancanieves y los siete enanitos” me sorprendió ver que tiene muy poco en común con la versión del cuento de los hermanos Grimm. Otras versiones que vimos en clase fueron las de “Cenicienta”, de Perrault y Grimm, y una de “La Bella Durmiente del Bosque” que se cree incluso anterior a la de Perrault. En todas ellas aparecen temas que no son apropiados para tratar con niños de infantil, de ahí que tengamos que adaptarlas si las queremos usar en el aula.

Del teatro folclórico decir que, como no se escribía, había que memorizarlo. Destacan las representaciones teatrales religiosas  de los pueblos, en los que los papeles pasaban de padres a hijos. En muchas de ellas hay guiños paganos, y también había otras representaciones paganas de peor gusto.

Hay una manifestación de teatro folclórico infantil  muy importante que ha conseguido mantenerse hasta estos días; son los Títeres de Cachiporra (podemos verlos en el parque del Retiro). Se representaban en las plazas de los pueblos, con unos títeres de mano que tenían una cabeza grande y las manos pequeñas. La historia siempre consistía en que un personaje malo (lobo, bruja…) le quitaba algo muy querido al protagonista, que siempre era  un personaje masculino. Éste se pasaba la obra persiguiendo al malo preguntando al público: “¿por dónde se ha ido?”. Cuando el público se cansaba, el protagonista recuperaba su objeto valioso y pegaba al malo con una cachiporra.

Por otro lado, la poesía folclórica, tanto para adultos como para niños, siempre ha estado ligada a la música y al movimiento. Son manifestaciones de poesía folclórica las canciones para jugar al corro, a las palmas, para saltar a la comba, o incluso las nanas o los villancicos. Si nos fijamos detenidamente en lo que dicen no parecen muy apropiados para niños, por ejemplo; “soy capitán de un barco inglés y en cada puerto tengo una mujer”… No sé a qué jugarán hoy en día las niñas en el recreo, pero desde luego, todas estas canciones y retahílas forman parte de mi infancia.

La prosa folclórica es lo que más se ha estudiado, especialmente entre finales del siglo XIX y principios del XX. La tesis doctoral del antropólogo ruso Vladimir Propp, que sintetizó en el libro “Morfología del cuento”, nos ofrece la siguiente clasificación de los cuentos folclóricos:

1.- MITOS: Incluye textos con dioses o héroes de la antigüedad, leyendas hagiográficas (sobre santos o personajes de la religión), el resto de leyendas y los apólogos, que son como fábulas pero sin animales, por ejemplo, el cuento de “La Lechera”. Debemos señalar que una leyenda se distingue de un cuento en que sitúa la historia en un lugar y tiempo concretos, y los personajes también tienen un nombre concreto.

2.- CUENTOS DE ANIMALES:
- Fábulas: los animales representan los vicios y las virtudes de los humanos. Son textos moralizantes, con moraleja, por lo tanto, paraliteratura.
            - Cuentos de animales: los protagonistas son animales y sí representan a personas.

3.- CUENTOS DE HADAS: aparece algún personaje de carácter mágico, por ejemplo, un hada, un ogro… los humanos hablan con los animales. (Caperucita Roja, Los Músicos de Bremen…)

4.- CUENTOS DE FÓRMULA: aquellos en los que te tienes que aprender o bien una parte, o bien el cuento entero para que no pierda su gracia. También se incluyen los cuentos acumulativos y los mínimos (ej: Esto era un rey que tenía tres hijas…)

Además de esta clasificación de Propp, podemos encontrar otras dos muy interesantes. Por un lado, la del pedagogo italiano Rodari, y la de la primera cuentacuentos conocida en la historia de la pedagogía, Sara C. Bryan.

 RECOPILADORES Y ADAPTADORES

Debemos distinguir entre versión, cuando una historia cambia sin una intención concreta, y adaptación, cuando se cambia con una intención. Éste fue el caso de Perrault, que recopilaba y adaptaba los cuentos que la nodriza contaba a sus hijos para entretener a la corte del rey Luis XIV. Pero, en realidad, sus adaptaciones tenían una intención moralizante.

En Alemania, en la primera mitad del siglo XIX, surge el romanticismo y, con él, el interés por las tradiciones. Los hermanos Grimm fueron los encargados de recopilar los cuentos tradicionales alemanes. Pero, tras la segunda edición llegaron quejas por los temas tan escabrosos que aparecían en los cuentos, como violaciones y asesinatos; y es que no debemos olvidar que no eran cuentos escritos para los niños. Aunque la intención de estos recopiladores era conservacionista, no tuvieron más remedio que hacer pequeñas adaptaciones eliminando las cosas escabrosas para la tercera edición.

En la segunda mitad del siglo XIX, con el realismo, apreció Andersen, en Dinamarca. Era una personalidad de la literatura muy reconocida y apreciada en su tiempo, tanto por sus versiones y adaptaciones de cuentos folclóricos (La sirenita, La reina de las nieves), como por sus propios cuentos (La cerillera, El soldadito de plomo).

Relacionando todo lo visto hasta ahora con lo que sabía acerca de los cuentos clásicos, he de decir que tenía una idea completamente equivocada. Por un lado, siempre he pensado que Perrault, Grimm o Andersen eran los autores de los cuentos clásicos que conocía desde pequeña, principalmente a través de las películas de Disney y de algún libro que tenía en casa. Por otro, jamás había imaginado las historias tan tremendas y truculentas que dieron lugar a dichas versiones/adaptaciones.

En cuanto a la simbología de los cuentos folclóricos, Propp concluyó  que casi todos presentan el mismo esquema, el cual consiste en un viaje iniciático. Este viaje comienza en un núcleo familiar, donde el protagonista es pequeño y está protegido por su familia, hasta que en un momento se ve obligado o decide abandonar el hogar. Es entonces cuando debe enfrentarse a situaciones o pruebas, lo que simboliza la adolescencia y los escollos que hay que vencer en la vida, y  conoce a personajes que le ayudarán o que le causarán problemas. Al final de la historia el protagonista crea un nuevo núcleo familiar, lo que simboliza que ha llegado a la vida adulta, que es el fin de ese viaje iniciático.

Cuando adaptemos un cuento folclórico para usarlo en un aula de infantil es importante que  entendamos  y discriminemos su simbología. Debemos respetar su esquema básico, es decir, respetar el viaje, los roles de los personajes y el tipo de final; si es un cuento que acaba bien, nuestra adaptación debe terminar bien, aunque no sea del mismo modo.

Esto fue lo que tuvimos que hacer como actividad para este bloque. Tuvimos que adaptar el cuento “Todo tipo de pieles” para contárselo a unos niños de Educación Infantil. Para ello me fijé en determinadas características que lograran que resultara más atractivo y compresible para ellos: poner nombre a los protagonistas, introducir el animismo, evitar el tema del incesto, acortar la historia… todo ello sin cambiar el esquema básico del cuento.

Por otro lado, me resultó muy interesante lo que nos contó Irune sobre el resultado obtenido al analizar las conclusiones que sacaban los niños del cuento de “Los tres cerditos”. Algo que no debemos olvidar como futuros maestros: no debemos intentar que los niños entiendan y aprendan lo que no les corresponde. Debemos dejar que ellos extraigan sus propias conclusiones sin condicionarles.

Para finalizar este bloque aprendimos en qué debemos fijarnos a la hora de seleccionar una buena materia prima sobre la que podamos hacer luego nuestra adaptación. Son preferibles las traducciones de los grandes recopiladores, Perrault, Grimm o Andersen, pero, en cualquier caso, el prólogo del libro nos puede guiar bastante acerca de su calidad. No debemos olvidar que estos son libros para adultos.

En cuanto a mi experiencia actual con los cuentos folclóricos he de decir que es bastante pobre. Es algo que no me había parado a pensar hasta ahora pero, la verdad, es que nunca me he preocupado de que mis hijos tuvieran buenas adaptaciones infantiles de cuentos clásicos. Apenas cuentan con un libro recopilatorio del estilo de los que vimos al final del bloque, en clase, como malos ejemplos. Aunque, para compensar, tienen una versión de “El Gallo Quirico”, de Kalandraka, que tuvo mucho éxito durante un tiempo.


    

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