miércoles, 22 de mayo de 2013

ADAPTACIÓN “TODO TIPO DE PIELES”


ADAPTACIÓN “TODO TIPO DE PIELES”

Érase una vez el reino lejano de los ratones del bosque, en el que un día nació la princesa más guapa que jamás había existido; la princesa Ratina. Pero, al poco tiempo su madre, la reina, se puso muy malita y como veía que se iba a morir le entregó al rey ratón un collar, del que colgaba una piedra preciosa azul y un anillo, para que se lo diera a Ratina cuando fuera mayor y así tuviera un recuerdo de su madre.

Pasaron los años y Ratina creció y se convirtió en una joven ratita en edad de casarse, por lo que su padre decidió que, para poder solucionar un problema con el rey vecino, el del Reino de los Gatos del Bosque, se casaría con el príncipe de dicho reino.  Cuando Ratina se enteró se puso muy triste y le suplicó a su padre que le dejara casarse con quien ella quisiera. Pero, como su padre no cambió de opinión, Ratina decidió retrasar el momento de la boda todo lo que pudo.

 Así que le pidió a su padre un regalo para su boda muy difícil de conseguir; le pidió un vestido tan dorado como el sol y otro tan brillante como las estrellas. Lo malo fue que como su padre era un rey muy rico no tardó mucho tiempo en conseguirle los vestidos. Entonces a Ratina se le ocurrió decirle que como en el Reino de los Gatos del Bosque hacía mucho más frio que en el suyo, iba a necesitar el abrigo más calentito del mundo y para eso tenía que ser un abrigo hecho con todos los tipos de pieles. Pero su padre también consiguió regalarle el abrigo con todo tipo de pieles, así que Ratina decidió escaparse.

Esa misma noche, Ratina con el colgante de su madre al cuello y vestida con el abrigo cogió su vestido tan dorado como el sol y su vestido tan brillante como las estrellas y se escapó de palacio. Para que no la encontraran los soldados del rey decidió caminar por la noche y dormir escondida por el día. De esta manera pasa el tiempo, atravesando el bosque y los campos y nuevos bosques, hasta que un día la sorprendieron unos soldados ratones dormida en una cueva. Ratina, que estaba sucia y desmejorada por todo el tiempo que llevaba escapando, se asustó al pensar que podían ser soldados del reino de su padre. Sin embargo, al ver que la llevaban a un castillo distinto sintió un gran alivio, aunque, por si acaso, no quiso decir su nombre ni quién era. Lo único que les decía era que ella se llamaba Todo tipo de pieles. Así que, al verla tan sucia, vestida con ese abrigo tan raro y no conseguir averiguar quién era, decidieron dejarla trabajar en las cocinas del castillo ayudando al cocinero fregando los cacharros.

A los pocos días de estar trabajando en las cocinas, Ratina vio al príncipe del castillo, el príncipe Tinín, el ratón más guapo que jamás había visto y se enamoró de él. Unas semanas después se organizaron en palacio dos noches de baile con todas las jóvenes princesas de los reinos vecinos, invitadas con el fin de que el príncipe eligiera a su futura esposa. Ratina supo que tenía que hacer algo para poder asistir a esos bailes, así que, la primera noche después de la cena, le pidió al cocinero que, por favor, la dejara ir a mirar detrás de una cortina ya que nunca había visto un baile. Ella le prometió que sería sólo un rato y que después fregaría todos los cacharros de la cena.

En cuanto el cocinero le dio permiso se fue corriendo a su cuarto, se lavó la cara y las manos, se puso su vestido tan dorado como el sol y apareció en el baile. El príncipe al verla, se quedó tan impresionado que no quiso bailar con nadie más. Ratina y Tinín pasaron la noche bailando y hablando, cada vez más enamorados, hasta que ella se dio cuenta de la hora que era y le dijo al príncipe que tenía que irse. Volvió a su habitación, se manchó las manos y la cara, se volvió a poner el abrigo de toda clase de pieles y bajó a las cocinas. Allí se encontró al cocinero muy enfadado y éste le dijo que, como estaba muy ocupado preparando el banquete del próximo día, tendría que ser ella quien le subiera al príncipe la sopa de queso que le gustaba tomar todas las noches. Entonces a Ratina se le ocurrió dejar caer en el plato de sopa la piedra azul del collar de su madre. Cuando el príncipe, que no podía dejar de pensar en la ratita tan preciosa que había conocido esa noche, encontró la piedra azul en el fondo del plato se quedó muy extrañado.

A la noche siguiente, Ratina consiguió de nuevo permiso del cocinero para ir a ver el baile tras la cortina. Esta vez se puso su vestido tan brillante como las estrellas y al entrar al baile el príncipe Tinín decidió hacer algo para averiguar quién era ella. Así que, después de pasar la noche bailando, cuando ella se quiso ir corriendo, él deslizó un anillo en su dedo sin que Ratina se diera cuenta. Esta vez se había retrasado muchísimo y, como  el cocinero iba a estar realmente enfadado, Ratina no se acordó de volver a mancharse la cara y las manos y no se dio cuenta de que llevaba puesto el anillo.

Una vez más, el cocinero le dijo que subiera la sopa de queso al príncipe y en esta ocasión decidió dejar caer el anillo del collar de su madre en la sopa. Pero, esta vez,  el príncipe le pidió que esperara en la habitación a que él terminara de comer. Cuando llegó al fondo del plato y vio el anillo le preguntó a Ratina: ”¿tú sabes de quién es este anillo?”

-          “No Majestad”. Contestó ella muerta de vergüenza.

Entonces el príncipe Tinín se acercó a ella y le dijo, “Este anillo es la pareja del que tú llevas puesto, porque tú eres la ratita con la que me quiero casar.”

Y así fue como la princesa Ratina y el príncipe Tinín decidieron estar juntos el resto de su vida y fueron muy felices y comieron perdices.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.


En primer lugar he decidido adaptar los personajes y poner animales humanizados, ya que es uno de los temas favoritos de los niños de entre 2 y 6 años. También les he puesto nombre a los protagonistas para que sean más fáciles de identificar. Otro cambio del principio ha sido el de obviar el tema del incesto que he cambiado por otra excusa para que la princesa tuviera que escapar. Para esto he añadido el personaje del príncipe gato.

Para que no resulte demasiado largo, he decidido acortarlo dejando dos vestidos en vez de tres, por lo que los colgantes del collar de la madre también deben ser dos. En vez de la medalla de la virgen o la rueca he elegido una piedra preciosa azul porque me parece que puede ser más reconocible y atractivo para los niños. También he creído conveniente acortar el trajín  de los personajes la noche del baile quitando la visita del príncipe a las cocinas.

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