ADAPTACIÓN
“TODO TIPO DE PIELES”
Érase una vez el reino lejano de los ratones
del bosque, en el que un día nació la princesa más guapa que jamás había
existido; la princesa Ratina. Pero, al poco tiempo su madre, la reina, se puso
muy malita y como veía que se iba a morir le entregó al rey ratón un collar, del
que colgaba una piedra preciosa azul y un anillo, para que se lo diera a Ratina
cuando fuera mayor y así tuviera un recuerdo de su madre.
Pasaron los años y Ratina creció y se
convirtió en una joven ratita en edad de casarse, por lo que su padre decidió
que, para poder solucionar un problema con el rey vecino, el del Reino de los
Gatos del Bosque, se casaría con el príncipe de dicho reino. Cuando Ratina se enteró se puso muy triste y
le suplicó a su padre que le dejara casarse con quien ella quisiera. Pero, como
su padre no cambió de opinión, Ratina decidió retrasar el momento de la boda
todo lo que pudo.
Así
que le pidió a su padre un regalo para su boda muy difícil de conseguir; le
pidió un vestido tan dorado como el sol y otro tan brillante como las
estrellas. Lo malo fue que como su padre era un rey muy rico no tardó mucho
tiempo en conseguirle los vestidos. Entonces a Ratina se le ocurrió decirle que
como en el Reino de los Gatos del Bosque hacía mucho más frio que en el suyo, iba
a necesitar el abrigo más calentito del mundo y para eso tenía que ser un
abrigo hecho con todos los tipos de pieles. Pero su padre también consiguió regalarle
el abrigo con todo tipo de pieles, así que Ratina decidió escaparse.
Esa misma noche, Ratina con el colgante de su
madre al cuello y vestida con el abrigo cogió su vestido tan dorado como el sol
y su vestido tan brillante como las estrellas y se escapó de palacio. Para que no
la encontraran los soldados del rey decidió caminar por la noche y dormir
escondida por el día. De esta manera pasa el tiempo, atravesando el bosque y
los campos y nuevos bosques, hasta que un día la sorprendieron unos soldados
ratones dormida en una cueva. Ratina, que estaba sucia y desmejorada por todo el
tiempo que llevaba escapando, se asustó al pensar que podían ser soldados del
reino de su padre. Sin embargo, al ver que la llevaban a un castillo distinto
sintió un gran alivio, aunque, por si acaso, no quiso decir su nombre ni quién
era. Lo único que les decía era que ella se llamaba Todo tipo de pieles. Así
que, al verla tan sucia, vestida con ese abrigo tan raro y no conseguir
averiguar quién era, decidieron dejarla trabajar en las cocinas del castillo
ayudando al cocinero fregando los cacharros.
A los pocos días de estar trabajando en las
cocinas, Ratina vio al príncipe del castillo, el príncipe Tinín, el ratón más
guapo que jamás había visto y se enamoró de él. Unas semanas después se
organizaron en palacio dos noches de baile con todas las jóvenes princesas de
los reinos vecinos, invitadas con el fin de que el príncipe eligiera a su
futura esposa. Ratina supo que tenía que hacer algo para poder asistir a esos
bailes, así que, la primera noche después de la cena, le pidió al cocinero que,
por favor, la dejara ir a mirar detrás de una cortina ya que nunca había visto
un baile. Ella le prometió que sería sólo un rato y que después fregaría todos
los cacharros de la cena.
En cuanto el cocinero le dio permiso se fue
corriendo a su cuarto, se lavó la cara y las manos, se puso su vestido tan
dorado como el sol y apareció en el baile. El príncipe al verla, se quedó tan
impresionado que no quiso bailar con nadie más. Ratina y Tinín pasaron la noche
bailando y hablando, cada vez más enamorados, hasta que ella se dio cuenta de
la hora que era y le dijo al príncipe que tenía que irse. Volvió a su
habitación, se manchó las manos y la cara, se volvió a poner el abrigo de toda
clase de pieles y bajó a las cocinas. Allí se encontró al cocinero muy enfadado
y éste le dijo que, como estaba muy ocupado preparando el banquete del próximo
día, tendría que ser ella quien le subiera al príncipe la sopa de queso que le
gustaba tomar todas las noches. Entonces a Ratina se le ocurrió dejar caer en
el plato de sopa la piedra azul del collar de su madre. Cuando el príncipe, que
no podía dejar de pensar en la ratita tan preciosa que había conocido esa noche,
encontró la piedra azul en el fondo del plato se quedó muy extrañado.
A la noche siguiente, Ratina consiguió de
nuevo permiso del cocinero para ir a ver el baile tras la cortina. Esta vez se
puso su vestido tan brillante como las estrellas y al entrar al baile el
príncipe Tinín decidió hacer algo para averiguar quién era ella. Así que,
después de pasar la noche bailando, cuando ella se quiso ir corriendo, él
deslizó un anillo en su dedo sin que Ratina se diera cuenta. Esta vez se había
retrasado muchísimo y, como el cocinero
iba a estar realmente enfadado, Ratina no se acordó de volver a mancharse la
cara y las manos y no se dio cuenta de que llevaba puesto el anillo.
Una vez más, el cocinero le dijo que subiera la
sopa de queso al príncipe y en esta ocasión decidió dejar caer el anillo del
collar de su madre en la sopa. Pero, esta vez, el príncipe le pidió que esperara en la
habitación a que él terminara de comer. Cuando llegó al fondo del plato y vio
el anillo le preguntó a Ratina: ”¿tú sabes de quién es este anillo?”
-
“No Majestad”. Contestó ella muerta de vergüenza.
Entonces el príncipe Tinín se acercó a ella y
le dijo, “Este anillo es la pareja del que tú llevas puesto, porque tú eres la
ratita con la que me quiero casar.”
Y así fue como la princesa Ratina y el
príncipe Tinín decidieron estar juntos el resto de su vida y fueron muy felices
y comieron perdices.
Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
En primer lugar he decidido adaptar los
personajes y poner animales humanizados, ya que es uno de los temas favoritos
de los niños de entre 2 y 6 años. También les he puesto nombre a los
protagonistas para que sean más fáciles de identificar. Otro cambio del
principio ha sido el de obviar el tema del incesto que he cambiado por otra excusa
para que la princesa tuviera que escapar. Para esto he añadido el personaje del
príncipe gato.
Para que no resulte demasiado largo, he
decidido acortarlo dejando dos vestidos en vez de tres, por lo que los colgantes
del collar de la madre también deben ser dos. En vez de la medalla de la virgen
o la rueca he elegido una piedra preciosa azul porque me parece que puede ser
más reconocible y atractivo para los niños. También he creído conveniente
acortar el trajín de los personajes la
noche del baile quitando la visita del príncipe a las cocinas.
Perfecto.
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